El profesor de medieval solía insistir en lo sobrevalorados que estaban los infiernos propios.
Todos lo observábamos desconcertados, asintiendo unas veces, revolviéndonos en las sillas otras, sin atrevernos a rebatirle nada nunca.
Todos lo observábamos desconcertados, asintiendo unas veces, revolviéndonos en las sillas otras, sin atrevernos a rebatirle nada nunca.
Los blogs están para resarcir esos silencios.
Cada inferno es un mundo, démosle entonces su propio círculo y lugar, y que Virgilio se apiade de nuestro camino.

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